Mordisquitos gatunos: jugar, temer, amar

Algunos gatos domésticos tienen la costumbre de morder la mano que les da un hogar. No hay peligro alguno pero está bien saber por qué lo hacen.

 

En la misteriosa mente de un gato existe algo que le provoca una considerable cantidad de reacciones inesperadas, sorprendentes, graciosas y a veces desproporcionadas. Cuando consigues que acceda a tus juegos y carantoñas, en medio de una bacanal de cosquillas y masajes en la cabeza o en la panza, con tu gato entregado a tus caricias tumbado bocabajo, de repente puede que te dé un mordisco en la mano. Si reaccionas de manera extraña puede que él se ponga en guardia o simplemente te siga ofreciendo su barriga para que continúe el festival del cariño como si tal cosa. En esto no hay dos gatos iguales.

Ese mordisco no te hace daño ni te causa problema alguno pero puede que no llegues a entender su intención. Tratándose de tu gato, conviene que le des un margen de confianza, piensa que a pesar de su carácter solitario y poco dado a los excesos amorosos, tu gato te ama en secreto. No es arisco, es discreto. Y tampoco es distante ni despegado, sólo le gusta marcar los tiempos de vuestra relación.

Según muchos expertos hay tres posibles razones para que tu gato te dé un mordisquito sin aparente motivo. La primera es el juego. Esto es más frecuente en cachorros. Los gatos conservan un instinto cazador de sus ancestros y aunque estén domesticados, la caza y el acecho lo incorporan como sus juegos preferidos. Tu dedo gordo carnoso no hace más que poner el resto, le estás incitando, así que no te quejes.

Para ellos, darte mordisquitos forma parte del juego y a ti te hace gracia, pero si no intentas cambiar su costumbre acabará manteniéndola cuando sea adulto. Es complicado impedir que tu cachorrito te muerda cariñosamente las manos porque te encanta que lo haga, así que piensa que cuando lo siga haciendo de mayor será por tu bien, para que rememores los tiempos de juventud y te eches unas risas.

Un buen motivo, entre muchos, para adoptar más de un gato a la vez es que, desde pequeños, suelen jugar a darse mordisquitos. Esto les sirve para poner a prueba la fuerza y la intensidad de sus bocados, y será raro que te muerdan la mano con más fuerza de la que su inocente intención pretendía.

Otra razón para morder puede ser el miedo. Ocurre entre gatos o entre gato y persona. El gato es un animal muy cauto, inteligente y miedoso, siempre está alerta. Puede sentirse amenazado por cualquier cambio en su entorno. Mira cómo reaccionan cuando se encuentran un inocente pepino a sus espaldas.

Algunos pueden reaccionar con mordiscos como una manera de defenderse de ese posible peligro. Lo bueno de estos mordiscos es que no tienen continuación, se acaban cuando dejan de tener miedo, y eso está en tus manos (que no sólo deben servir para incitarles a dar mordiscos bienintencionados).

Por último están los mordiscos que te dan por la razón más vieja del mundo: el amor. Sabrás distinguirlo del mordisquito juguetón y del temeroso. Es menos fuerte y más alargado en el tiempo. Tu minino, embriagado de amor, se esmera en dar suaves bocaditos continuos a tus dedos como si con cada inofensiva mordida te hiciera más suyo. Por su cabeza tal vez también pase esa romántica expresión: "te comería vivo". Sí, ese gatito de apariencia áspera y huraña es, en el fondo, un pequeño dispensador de ternura que reparte afecto cuando menos te lo esperas.

Si aún así prefieres evitar estas muestras de juego, temor y amor, se recomienda que,  desde que es cachorro, evites las manos a la hora de jugar con él, sustituyéndolas por juguetes y objetos que él pueda acechar y cazar. No existe otra forma, el castigo para un gato no sirve, no atiende a jerarquías y no tiene memoria asociativa como para entender que un mordisco te disgusta. El gato no te ve como su amo sino como ese compañero que tiene el honor de compartir hogar con él. Si le gritas o le atizas para que aprenda a no hacer algo indebido, simplemente se arrinconará en su fortaleza de soledad porque preferirá evitar los conflictos, no aprender de ellos.

Lo ideal, creo yo, es adaptarse a él. Si tiene la costumbre de morderte cuando le acaricias, intenta localizar el momento justo en el que suele revolverse para darle un bocadito a tu mano carnosa. Aprende a acariciarlo evitando ese momento.

La vida con un gato puede ser apasionante si aceptas que no es como un perro obediente que necesita un amo que le guíe, y si comprendes que cada cosa que hace tiene una razón acorde a su personalidad. Tu gato y tú estáis condenados a entenderos, no dejes que unos mordisquitos enturbien una relación tan prometedora. En el peor de los casos, te acostumbrarás a sus bocaditos y si un día deja de dártelos, los echarás de menos.

 
 

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