Hachikō, el perro fiel

Hachikō fue un perro japonés que se hizo famoso por ser un claro ejemplo de auténtica y absoluta lealtad a su dueño.

 

No es el único perro de la historia que ha demostrado esta capacidad increíble de entrega a una persona pero sí se puede decir que fue el primero que pudo asistir en vida a la inauguración de su propia estatua, y de los pocos animales cuyos restos han sido disecados y expuestos en homenaje a su propia hazaña y no a la de ningún cazador.

Un perro nunca aspirará a la inmortalidad pues esta no es más que una vulgaridad propia de humanos, pero fueron hombres los que quisieron eternizar e inmortalizar su hazaña labrada durante casi diez años, que fue el tiempo que Hachikō estuvo esperando en la estación de Shibuya (Tokio) a que volviera su dueño Eisaburō Ueno, después de que éste muriera de un ataque cardíaco mientras daba clases en el Departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio.  

A principios de 1924, Eisaburō acogió a este perro de raza akita y reparó en que sus patas delanteras estaban algo desviadas. Fue por esto que decidió llamarle Hachi, "ocho" en japonés, cuya representación en kanji (letra japonesa) es 八. Cada día, el señor Ueno iba a la estación para coger el tren que le llevaba a la Universidad acompañado de Hachikō, que se despedía de él y volvía a casa solo.

Lo más sorprendente es que el perro también iba a recibir a Eisaburō a la estación cuando éste volvía del trabajo. Esta rutina la mantuvo siempre. Cuando el profesor murió, Hachikō fue a buscarle como hacía a diario. Aunque su dueño no aparecía, el perro no perdió la esperanza de reencontrarse con él y permaneció en la estación durante más de nueve años hasta su muerte.  

La presencia de este perro fiel no pasó desapercibida y se hizo famoso en la ciudad. Los que iban cada día a la estación eran los que se encargaban de alimentar y asistir a Hachikō, a quien le acabaron erigiendo una estatua de bronce en abril de 1934, casi un año antes de que falleciera. Su cuerpo fue disecado y guardado en el Museo de Ciencias Naturales de Tokio. La fama de Hachikō traspasó fronteras gracias al cine pues una película japonesa de 1987 contó su vida con todo detalle.

El éxito de este film provocó un remake americano protagonizado por Richard Gere en 2009 ( "Hachi: A dog's tale" ).  A pesar de los ojos achinados del actor, la acción de este remake se trasladó a EEUU, algo que resulta creíble porque han sido muchos los perros que se hicieron famosos por esperar a sus dueños fallecidos en distintos lugares del mundo: Capitán (Argentina), Leão (Brasil), Gaucho (Uruguay), Greyfriars Bobby (Escocia) o Canelo (España), son sólo unos pocos ejemplos de la multitud de perros que demostraron, como Hachikō, una fidelidad sobrehumana a sus amos, a los que velaron junto a sus tumbas durante años.

Sin duda la lealtad tiene cuatro patas. ​

 
 

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