Qué hacer cuando llega un bebé a casa, y tu cachorro se cela y muerde

Tu cachorro, al que adoras y mimas con pasión, se puede sentir molesto por el nuevo miembro de la familia, el bebé que siempre has querido tener y que por fin ha llegado a tu vida para ponerla patas arriba. Tus dos grandes amores deben aprender a convivir.

 

Incorporar un perro cachorro a tu vida y educarle en un proceso complicado que exige conocimiento y determinación. Debemos enseñarle a respetar, a no morder objetos ni personas porque aún no es consciente de la capacidad que tiene de controlar sus impulsos y no dañar, jugando, a tu bebé. Debe conocer y tomar conciencia de su fragilidad para evitar daños mayores. “Como cachorro que es no podemos exigirle a priori ese nivel de consciencia y responsabilidad porque querrá jugar con el bebé como si fuera otro cachorro. Es nuestra responsabilidad enseñarle cómo debe comportarse, límites, rutinas, hábitos, normas, respeto y todo lo necesario para facilitar la convivencia”, explica Erika Nietro, adiestradora PetsLoverIn.

Lo correcto, antes de la llegada a casa del bebé, es preparar previamente a nuestro perro con los nuevos cambios, sonidos y olores que se produzcan con el nacimiento. Aprovecha los meses previos para que el perro olisquee toallitas y polvos de talco, oiga nanas y juegue con sonajeros.

Si, por ejemplo, tienes previsto instalar una barandilla en casa para evitar que el bebé más adelante baje las escaleras, instálala con unos meses de antelación.

“Si con la llegada del nuevo miembro de la familia no quieres que tu cachorro se suba a las camas, prohíbe que lo haga meses antes, y si ya tienes carrito, comienza a pasear con tu perro para acostumbrarle”, apunta Erika.

De esta manera, tu cachorro no asociará que le impones normas, le pones límites, le quitas privilegios  y pierde el estatus del bebé de la casa con la llegada del otro bebé.  

Debes educar al cachorro con ejercicios dirigidos a reducir su posible excesiva dependencia hacia la familia, sus celos, enseñándole a esperar su turno y, sobre todo, a respetar al bebé.

Puedes darle el rol de vigilante pidiéndole que permanezca en la entrada de la habitación del bebé mientras cambias su pañal, o sentado a tu lado mientras le acunas, que acompañe el carrito del bebé durante el paseo. De esta forma le incluyes en tus rutinas y le haces sentirse útil mientras aprende a comportarse con calma”, sostiene la educadora canina.

El cachorro no necesita oler directamente al bebé o chuparle para reconocerle. Los perros tienen el olfato más desarrollado que los humanos y reconocen a distancia todos los olores de la habitación. Conviene mantener siempre, hasta que aprenda a comportarse, una distancia prudente de seguridad entre el perro y tu bebé.

No se trata de rechazarle o alejarle, sino de ofrecerle su lugar estando calmado”, matiza Erika, que continúa su argumentación recordando que “debemos enseñar al perro a ser nuestro cómplice, nuestro ayudante, que nos avise si ocurre algo, sin intervenir él”.

Muchos de los accidentes que se producen entre bebés y perros surgen del instinto del perro por ayudar a su cachorro. Sus buenas intenciones, no obstante, pueden lastimar la piel frágil de un bebé, que nada tiene que ver con la de un cachorro canino.  

Cuando ya tienes a tu bebé en casa la vida cambia. Dormirás poco, pasarás tiempo acunando al recién nacido que, ya dormidito, puede despertarse por la ladrido del perro. Es importarte anticiparse al problema y solucionar antes las malas conductas para no desesperarte. Si tu perro gruñe o muerde a tu bebé, urge que te tomes en serie el incidente y controles su mala conducta, y será más rápido, seguro y efectivo si solicitas ayuda profesional”, sentencia Erika.

 

 
 

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