Los Beagles: perros condenados a la caza y la tortura del laboratorio

Los Beagles son una raza condenada por sus características a la caza y la experimentación.

 

Si nos dicen que una determinada raza de perros goza de un finísimo olfato que los convierte en excelentes sabuesos y no sufre enfermedades congénitas, podríamos pensar que están de suerte, que la genética ha sido generosa con ellos. Sin embargo, nada más lejos. Precisamente esas dos virtudes de los beagles son las que los sentencian a su doble condena: ser usados para la caza y la experimentación.

Los beagles también destacan por ser amistosos y confiables, algo que viene muy bien a los profesionales de la experimentación animal porque les sirve para justificar las barbaridades a las que los someten, afirmando sin rubor que "los beagles se adaptan bien a vivir en una jaula". Ojalá tuvieran también la virtud de poder hablar para opinar sobre esto.

Según estos científicos, aceptan de buena gana que les hagan cosas como: envenenarlos para los tests de toxicidad, dañar su genética, provocarles cáncer y alergias, probar los efectos del tabaco obligándolos a inhalar humo concentrado durante un año, irritarles la piel y los ojos... Y muchas atrocidades más que no soy capaz de describir sin romper el corazón del lector, el mío se rompió la primera vez que abracé a uno de ellos.

Según los profesionales que realizan estos experimentos, como estos perritos no han presentado una queja formal a la administración, deducen que han nacido para ser torturados.

Todas las virtudes de un beagle no son suficientes para impedir que su raza sea la que más sufre la experimentación animal, una práctica que cuesta la vida a más de 100 millones de animales (sin incluir los que están en laboratorios clandestinos ni los obtenidos del tráfico ilegal).

Si a esto unimos que muchos de ellos resultan deshechos de la caza, se ha hecho necesario que existan muchas asociaciones como Beagle Freedom Project, que se centran en ayudar a los perros de esta raza tan desafortunada.

Si adoptas un beagle debes tener en cuenta que esta pequeña víctima debe aprender primero a confiar en el ser humano que, hasta ese momento, no ha sido su mejor amigo. El cariño y la paciencia ayudarán a convertirlos en auténticos perros domésticos. No se conoce tratamiento mejor que el amor de un adoptante. Cien por cien testado.

Lo que es común a esta raza es que es un perro algo distraído y muy terco. Es cuestión de tener ganas, paciencia y una galleta siempre a mano para motivarlo. Es el lenguaje canino universal: el premio. También necesitan largos paseos para que sacien su instinto explorador y mantengan la línea. Necesitan más ejercicio de lo que parece y es común que estén algo pasadillos de peso. Recuerda que son grandes sabuesos, esto unido a su glotonería hará que se coman todo lo que encuentren por la calle. Dudarás de si estás sacando a tu perro o pasando la aspiradora por la calle. Eso si, ¡aspiradora más adorable no vas a encontrar!

El origen de su nombre explica otra cualidad curiosa del beagle. Proviene de la expresión francesa "bee gueule", algo así como garganta ancha. Y es que son muy vocales, emiten sonidos muy variados: ladridos, aullidos y algo parecido a un gruñido. Es como si, una vez adoptados, quisieran usar todos los medios de expresión posibles para gritar que por fin son felices.

Quien adopte un beagle no volverá a enchufar la tele, el espectáculo está servido en casa. No en vano, el perro más famoso de la historia es un beagle. Por algo elegiría Charles Schulz esta raza para crear al inigualable Snoopy.

 
 

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