Operación bikini canina: no está fuertecito, está gordo

Si tu perro está gordo su autoestima no lo sufrirá pero su salud sí.

 

Nuestros perritos no se libran de las temidas estadísticas, sobre todo de aquellas que nos meten en el saco de los que están haciendo algo mal. Según varios estudios, en los países occidentales uno de cada tres perros es obeso, y la mitad tiene sobrepeso.

En este caso, aunque el protagonista de la estadística sea nuestro perro, los responsables somos nosotros. Y no lo digo por eso de que los perros tienden a parecerse a sus dueños y posiblemente engorden por mantener la semejanza,  ya sabes lo de ¡De aquellos michelines, estas lorzas! Lo digo porque la realidad, dejando el refranero español a un lado, es que  la causa más habitual de esa obesidad es la falta de ejercicio y una mala alimentación.

Lo primero, como en todo, es reconocer que tu perro está más gordito de lo que se puede permitir. Hay señales que indican claramente que está obeso: no se le marca la cintura y, visto desde arriba, pierde su clásica forma de reloj de arena; el vientre ya no se eleva hacia arriba y, visto de perfil, está en línea con su caja torácica; no le puedes contar las costillas al tacto por la grasa que le rodea; o se cansa demasiado cuando hace ejercicio, etc. En resumen, no es necesario ser nutricionista para diagnosticarlo, lo principal es tener ojos y aceptar la verdad: tu perro está gordo.

Si tu chihuahua pasa de pesar 3 kilos a pesar 5 no pienses que dos kilos no son nada porque tú engordaste 3 y ni se nota. Piensa que es casi doblar su peso ideal. Si una persona pasa de 70 a 120 kilos, ¿a que sí se nota?

Y aunque nos resulte gracioso que parezca una salchicha peleona o sean tan monas esas rosquitas que le salen cuando se sienta, la obesidad puede ser un riesgo para su salud, principalmente puede perjudicar sus articulaciones y su corazón.

Una vez diagnosticado el exceso de chicha en el perrito, tenemos que asumir nuestras responsabilidades. La primera suele ser que tu perro se está alimentando por encima de sus necesidades. Y que se sepa, ningún perro ha sido capaz hasta la fecha de organizarse y prepararse él mismo su menú diario. Nos acostumbramos a darle parte de nuestra propia comida porque a él le encanta, o le damos de comer dos o tres veces al día porque nos parece que siempre se queda con hambre.

Pues bien, lo ideal es que el perro coma una vez al día y hacia la noche. Esto favorece sus procesos digestivos. Y si la grasa excesiva ya ha arraigado en su cintura, una buena opción es darle pienso light. Y por supuesto se acabó el “por una patatita no pasa nada”

Es importante evitar entrar en un peligroso círculo vicioso: nuestro amigo come mucho, engorda y, como se cansa, cada vez hace menos ejercicio, con lo cual engorda aún más.

Él no será capaz de decirse a sí mismo "de este día no pasa y me pongo a hacer abdominales". Esto sólo se arregla de una forma: hay que llevarle a hacer ejercicio. Sea cual sea su situación, siempre querrá jugar y pasear con nosotros. Podemos marcarle el ritmo y practicar juegos diferentes para que queme esas calorías de más. Será mejor cuanto más divertido sea para él. Y para ti.

Y recuerda que no hay dietas milagro y que no es una cuestión de estética. A tu perro no le afectará verse lorzas en la playa pero sí sofocarse al correr tras la pelota. Seguirá siendo una monada aunque haya perdido su cinturita de avispa pero el único espejo que le puede decir que cuide su línea para estar sano eres tú.

 
 

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