Un gran peligro de la primavera, la procesionaria

En primavera, algunos peligros acechan. La oruga procesionaria, sin proponérselo, es una grave amenaza para los perros.

 

Dos acontecimientos se producen en primavera con la subida de las temperaturas: por un lado, las orugas bajan de los pinos para enterrarse y transformarse en mariposa y, por otro, nosotros aprovechamos para ir al campo con nuestro perro. Dos hechos inocentes por sí solos pero que, juntos, forman una combinación muy peligrosa.

Estas orugas son fáciles de identificar porque se juntan formando hileras y se mueven en procesión, de ahí que reciban el nombre de procesionarias. Normalmente van en fila india pero también pueden moverse agrupadas como en una manifestación. Vamos, que no hacen mucho esfuerzo por camuflarse y con una vista atenta las podemos detectar.

Salvo que seas botánico, si paseas con tu perro por el campo, lo lógico es que sea él quien muestre más curiosidad por todo lo que la naturaleza pone a su alcance. Y ya sabemos cómo suele satisfacerla: olfateando y chupando.

Lo ideal es que estemos atentos y que intentemos evitar que nuestra mascota se acerque a esta gran hilera de orugas en movimiento. Pero si se produce el contacto debemos reaccionar con rapidez.

Estos pequeños bichos entrañan un gran peligro  para tu perro si entra en contacto con ellos ya sea tocando, chupando o tragando alguna. Estos bichitos están cubiertos por unos pelos que contienen una toxina que puede provocar una alergia inmediata inflamando cara, párpados, lengua, boca, esófago e incluso estómago. El perro sentirá un gran picor en la zona afectada, como si de una quemadura se tratara.  Si no se trata a tiempo, puede perder la lengua por necrosis y, en el peor de los casos, morir por asfixia.

Si de repente ves a tu perro rascándose la boca como si intentara arrancarse de la lengua algo con las garras y salivando mucho, mejor que salgas pitando hacia una clínica veterinaria.

También se recomienda aplicar mucha agua o suero fisiológico en la zona afectada pero sin frotar, porque se romperían los pelillos de las orugas y se liberaría más toxina.

La única prevención es la precaución. No existen pipetas ni vacunas que valgan. Conviene informarse de en qué zonas y en qué fechas es más peligroso pasear con tu perro, pero ante la duda es mejor evitar las zonas donde hay pinos.

La curiosidad mató al gato y también puede matar a un perro. Si nuestro amiguito cuadrúpedo quiere resolver con su hocico todas las dudas que le plantea cada elemento de la naturaleza, dejemos al menos que la oruga procesionaria siga siendo para él un misterio sin revelar.

 
 

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