Bolas de pelo: el precio que paga un gato por estar guapo

Los gatos se acicalan a diario lamiéndose el pelo. Es la razón por la que acumulan bolas de pelo en su estómago.

 

Tener una personalidad arrolladora y un aspecto siempre brillante conlleva un gran esfuerzo, sacrificio y, a veces, un elevado precio. Esto podría servir tanto para definir al amigo más odioso como a nuestro increíble, irrepetible y precioso gato, que dedica un tercio del tiempo que está despierto a acicalarse para lucir siempre un aspecto radiante. Su obsesión por estar limpio le lleva a veces a deprimirse gravemente cuando, por alguna razón, no puede lavarse a sí mismo. Antes muerto que sucio, es su lema.

Para la tarea de autolavado se sirve de una envidiable paciencia, una voluntad de hierro y una lengua rasposa. Esta lengua le sirve para desgarrar, saborear y comer cualquier alimento, pero también provoca que al lamerse arrastre el pelo más suelto y éste vaya a parar al interior de su boca. Su libro de estilo gatuno prioriza, ante todo, la elegancia, por tanto nunca verás a un gato escupir su propio pelo, tiene que tragárselo. Un gesto digno de elogio pero que acaba provocando una acumulación de pelo en el estómago que debe ser expulsado.

Aquí la cosa se pone seria y ya no hay libro de estilo que valga, hay que ser prácticos porque ya ha habido demasiado sacrificio por lucir palmito, así que el gatito intentará expulsar la bola de pelo vomitando o a través de sus heces. Cuando veas a tu gato toser porque parece que se atraganta con una bola de pelo, desengáñate, está intentando vomitar pero le cuesta. La bola de pelo no interfiere en sus vías respiratorias, así que no puede provocarle tos.

Si consigue expulsar la bola de pelo, que en realidad tiene forma de longaniza peluda, tu gato volverá a ser el que era y aquí no ha pasado nada. Reaccionará tras haber vomitado una maraña de pelo mezclada con comida como si fuera un gentleman que sale del baño con el mismo porte que si saliera de una exposición de arte contemporáneo.

Pero qué pasa si no lo expulsa. Pues que necesitará que le eches una mano. Ya sabemos que su orgullo gatuno le impide demostrar que realmente nos necesita. Digamos que él te permite que te sientas útil y, sin olvidar consultar antes a un veterinario, te dejará que le des malta (sin pasarse de dosis, una o dos veces por semana, y evitando los dulces que la contienen, mejor que la tome directamente) o hierba gatera. Ambas le ayudarán a purgarse.

Si no quieres que tu gato pase por este mal trago, puedes ayudarle, sin que él lo sepa, previniendo la gran comilona de pelo. Lo más sencillo es cepillarle a diario en épocas de muda (entre primavera y otoño, cuando su pelo es más ligero). Él se lo tomará como una prueba de tu entrega a sus placeres más básicos, no como una ayudita para cubrir su absurda incapacidad de escupir pelo. Su vanidad quedará intacta.

Así que cuando veas a tu gato comportarse de manera extraña, con apatía, con poco apetito, pérdida de peso, no pienses que está enamorado. Lo que siente en su estómago no son mariposas sino grandes bolas de pelo que pueden obstruir su aparato digestivo. Raramente requiere mediación pero nunca está de más vigilarlo con discreción para que no se convierta en un problema de salud su obsesión por el acicalamiento diario. No dejes que tu gato se convierta en una fashion victim.

 

 
 

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