Un verano de playa con perro

Aunque en buena parte de la costa española tienen prohibido el acceso, los perros y sus dueños disponen de playas donde disfrutar juntos.

 

Darse un baño de mar y secarse al sol es un placer que debería estar al alcance de todos, incluyendo por supuesto a nuestros inseparables compañeros, los perros.

Durante el año, las obligaciones diarias hacen que pasemos muchas horas separados de nuestro mejor amigo. Cuando llega el verano y tenemos por fin tiempo de estar con las mascotas, resulta injusto que no podamos compartir las vacaciones con ellas. Durante el monótono invierno, nos reciben cada día con una sonrisa acompañada de lametones sin reprocharnos que les dejemos tanto tiempo solos. El verano debería ser su momento de mayor felicidad por estar a nuestro lado a jornada completa, y no la estación en la que abundan los abandonos.

En los últimos años, por suerte, ha aumentado en España el número de playas que permiten la entrada a los perros (en Madrid ya hay una piscina especial para ellos). No es gran cosa teniendo en cuenta que son alrededor de 58 las playas afortunadas en una costa de casi ocho mil kilómetros, pero ya hay una tendencia que invita al optimismo.

Algunos pensarán que lo de estas playas es una excentricidad, una moda jipi para regocijo de unos pocos, algo no muy distinto de lo que puede ser una playa nudista, por ejemplo. En mi opinión, lo excéntrico es prohibir la entrada a los perros. Cada ciudad costera tiene su normativa y sus razones (y sus multas, que oscilan entre los ochenta y los tres mil euros), pero básicamente todas justifican la prohibición a nuestros canes por cuestiones de higiene y para evitar molestias a los que no tienen perro.

Aquí, como siempre, tenemos que preguntarnos por qué se discrimina al animal, que siempre está siempre en entredicho. Es un hecho que una persona puede ensuciar una playa mucho más que un perro, o que un constructor puede crear más problemas, molestias y daños medioambientales en una playa que muchos perros juntos. Con la burbuja inmobiliaria costera se ha sido mucho más permisivo que con un inofensivo animal, que la mayor molestia que puede causar es sacar los colores a los que nadan en el mar demostrando que es más rápido que ellos.

Si un perro causa algún problema en una playa, será responsabilidad del dueño. Igual que ocurre en cualquier calle de una ciudad. Y no se prohíbe a los perros pasear. Esa responsabilidad es la misma en una playa que en un parque.

Pese a la escasez, gracias a Google puedes localizar fácilmente una playa dog friendly. Cuando elijas una, ya sólo queda elegir bañador y pelota. Recuerda, el bañador para ti, la pelota para él.

Además, no te olvides de su bebedero, su cuenco para comer y su camita. Si pasáis una temporada fuera, no tiene por qué privarse de sus comodidades y entretenimientos. Que se sienta como en casa. Antes de viajar asegúrate de tener las vacunas al día y todos sus papeles en regla. En cualquier caso, esto debería ser así siempre, aunque no vayas a salir ni de tu barrio. No es complicado, llevas toda tu vida acostumbrado, tú también estás vacunado y siempre sales con el DNI en la cartera.

Ya en la playa, cuida su exposición al sol como lo harías contigo, incluso no está de más aplicarle protección solar a las zonas más delicadas, sobre todo a las almohadillas de sus patas, que pueden quemarse con la arena. Sé generoso y comparte tu sombrilla con él, no dejes que se quede dormido en plena solana. La insolación no distingue entre seres de dos o cuatro patas.

Cuando se bañe en el mar, vigila que no haya medusas, le pueden hacer más daño que a una persona. Y piensa que por muy bien que nade, unas rocas o una marea fuerte pueden ser peligrosas para él. No tiene más protección que la que tú le puedes dar. Nadar es muy cansado para él, asegúrate de que pueda salir fácilmente. Para nosotros, pasar mucho tiempo en el agua sólo supone el riesgo de quedarnos arrugados y aparentar más edad durante un rato.  Mientras tú te sumerges como una grácil sirena, tu perro estará moviendo sus patas a toda velocidad para mantenerse a flote. Para ellos supone un gran esfuerzo y puede ser agotador. Ah, y mucho ojo con los anzuelos que quedan abandonados a su suerte en la orilla o flotando en el mar. Gentileza de los señores que se divierten pescando.

Entre baño y baño, conviene que beba agua fresca. Él también tiene derecho a tumbarse mojado en la sombra y observar el horizonte marino mientras toma un refrigerio, como harías tú. No olvides tener siempre a mano bolsitas para recoger sus cacas. Seguro que una familia de esas que dejan la arena llena de cáscaras de sandía y aceite de lata en conserva, se indignará si no recoges los excrementos de tu perro. No les des un disgusto, mejor dales una lección.

No hace falta un yate para disfrutar un verano cuando tienes una toalla para tumbarte en la playa, y ¿quien quiere  caviar pudiendo tener la trufa de un perro? Ojalá siga aumentando el número de playas que nos permitan el acceso con nuestros amigos cuadrúpedos. Bastará con que se den cuenta de que si realmente hubiera que prohibir el paso a todo ser que tenga capacidad para ensuciar, molestar y contaminar, los que no deberían entrar son los humanos.

 

 

 
 

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